La Historia
Hay nombres que hablan por sí mismos. Nos son tan familiares que, aunque a veces no conozcamos su dimensión verdadera, sabemos que son algo importante. Cuando esto pasa, sabemos que ese renombre es por una razón y no porque sí y, si hablamos de vinos, sin duda uno de los nombres más grandes a nivel mundial es el de Ribera del Duero.
Pero, ¿qué es exactamente Ribera del Duero? ¿Qué hace que sea una de las regiones vinícolas más importantes del mundo? Pues Ribera del Duero es, como decíamos, una de las regiones productoras de vino más importantes a nivel mundial, lo que no haría pensar que es un nombre que lleva toda la vida. Pero no, Ribera del Duero, como la entendemos hoy, es una Denominación de Origen relativamente joven, no excesivamente grande, pero de donde salen auténticos vinazos.

Sin embargo, la importancia de esta Denominación de Origen empieza por la historia de la región; nos remontamos a hace 2.500 años, cuando los vácceos habitaban la zona que hoy es Valladolid para encontrar, entre los restos arqueológicos del yacimiento de Pintia, en Padilla de Duero, evidencias de que ya existía la elaboración y el consumo de vino en la zona por aquel entonces.
Con la romanización se da una importante expansión de la viticultura, tanto a nivel de elaboración como de consumo, así como una cierta industrialización del sector. La importancia del vino se mantiene más o menos constante durante algunos siglos, incluso durante Al-Ándalus aunque con notable disminución.
No obstante, el origen de esta región como una de las más importantes en lo que a vino se refiere lo encontramos durante la conquista cristiana, desde el s.VIII ec. El reino Astur-Leonés fue ganando terreno hacia el sur, llegando a las tierras más cercanas al norte del Duero. La repoblación de la zona se convirtió en prioridad, llevando a los reyes Astur-Leoneses (y posteriormente castellanos) a promover el asentamiento de colonos provenientes del norte peninsular en las cuencas del Duero, el Esla o el Pisuerga, ofreciendo tierras para la explotación agrícola. Así se fueron creando villas que ejercían presión fronteriza desde la que avanzar y continuar la conquista hacia el sur, una táctica conocida como aprisio o presura.
La plantación y cuidado de viñedos fue especialmente incentivada, ya que una vid necesita un mínimo de 4 ó 5 años para comenzar a dar fruta que pueda, por calidad, rentabilizar la explotación del viñedo. Esto llevaba a los nuevos a colonos a adquirir de manera implícita el compromiso de permanecer en las tierras durante un buen periodo de tiempo, cosa esencial para la conquista de territorio. Además, era, con el paso de ese periodo inicial de tiempo, una plantación que resultaba enormemente rentable por el gran nivel de consumo que había. Como hemos dicho, el consumo de vino se mantuvo más o menos estable durante el periodo de Al-Ándalus, pero durante los primeros siglos de la conquista cristiana, junto a la repoblación se daba prioridad a la cristianización. En ese tiempo, muchos monjes cistercienses llegaron de Francia, principalmente de la zona de Borgoña, construyendo monasterios con viñedos que plantaban con muchas variedades de uva que traían con ellos, entre los que cabe destacar el de Santa María de Valbuena. Esta cristianización supuso una gran expansión en la elaboración de vino, tanto por su uso litúrgico como por el gran aumento en el consumo que esto trajo consigo.
En los siglos siguientes, la viticultura en la región se consolida como uno de los pilares económicos. Durante el s.XIII ec. surgen las primeras bodegas, que eran lagares subterráneos excavados bajo las villas. Tres de estos pueblos en concreto empiezan a sonar como productores de buenos vinos, que exportan, incluso, a otras localidades. Se trata de Peñafiel, Pesquera de Duero y Curiel. Entre los siglos XV y mediados del XVIII ec. se vive en gran auge, debido principalmente a la gran importancia es aquel entonces del Imperio Español y, concretamente, del reino de Castilla.
Sin embargo, se daba una situación curiosa, y es que estos vinos, al mismo tiempo que eran reconocidos por su alta calidad, tenían la fama (bien ganada) de conservarse muy mal y no tener apenas potencial de guarda. Aquí aparece una figura importantísima para entender a la Ribera del Duero como la gran región vinícola que es hoy; Eloy de Lecanda. Procedente de Burdeos, se asentó en Valbuena de Duero y trajo con él cepas francesas como Cabernet Sauvignon o Merlot, así como técnicas nuevas y mucha experiencia en la elaboración de grandes vinos. A mediados del s.XIX ec. funda Bodegas Lecanda, con una concepción muy bordelesa de sus vinos a los que somete a largas crianzas en madera, aumentando exponencialmente su capacidad de guarda y resolviendo así el -casi- único problema de los vinos de esta región. Básicamente, supone una verdadera revolución en la industria vinícola de la región, consolidando a Lecanda como el referente y con la consiguiente creación y adaptación de otras bodegas. Bodegas Lecanda estaba ubicada a orillas del río en el Coto de Santa Cecilia, y se le conocía como la Vega de S.Cecilia. Por deformación del lenguaje, en 1890 Bodegas Lecanda acabó cambiando su nombre a Vega Sicilia.
En poco tiempo se da un enorme crecimiento de la industria del vino hasta que en 1898 llega la phylloxera. El impacto, como en el resto de Europa, es devastador en la región, con miles de hectáreas arrasadas. No obstante, una vez se introduce la solución del injerto, el crecimiento es mucho más rápido que en otras zonas de producción, en parte por el reconocimiento de la región y la demanda que eso conllevó cuando se restauró la producción, y en parte por el uso de las variedades de uva francesas que, junto a la Tinta Fina local, se adaptaron mejor a los injertos dando mayor productividad, pero manteniendo una altísima calidad.
La primera mitad del s.XX ec. es, cuanto menos, convulsa para la industria del vino. Si bien las primeras décadas son de crecimiento paulatino, con el golpe de Estado, la Guerra Civil y la devastadora posguerra la región se estancó en su crecimiento. La pobreza y el aislamiento internacional que supuso la dictadura hizo que, durante décadas, la que potencialmente hubiera sido la región más vinícola del mundo no avanzó ni en la cantidad ni en la calidad de sus vinos. Sí es verdad que en los últimos años del Franquismo hubo un ligero aperturismo, haciendo crecer un poco la industria vinícola.
Pero es a partir del fin de la dictadura cuando esta región, igual que el resto de España, comienza a crecer de verdad. Junto a la libertad y el aperturismo económico (buscando meter al país en la, entonces, Comunidad Económica Europea), un grupo de bodegas se unen para empezar a organizar la producción de vinos en la zona. Este es el germen de lo que en 1980 acabaría siendo el Consejo Regulador, cuando se presentó acta oficial del reglamento para su evaluación. Finalmente, el 21 de julio de 1982, el Ministerio de Agricultura aprueba el reglamento y concede la categoría de Denominación de Origen a la recién nacida Ribera del Duero.
Y así es como surgió la Ribera del Duero que hoy conocemos. Un región que está, sin duda, entre las de mayor relevancia a nivel mundial, que ha ido evolucionando y creciendo en estos últimos cuarenta y… años desde su creación.
La Denominación de Origen Ribera del Duero
En su reglamento inicial de 1982, la Denominación de Origen Ribera del Duero amparaba la elaboración de vinos tintos y rosados (llamados localmente claretes), que se dividían en 4 categorías distintas, según su tiempo de maduración (o no) en barrica. Así, nos encontrábamos con los vinos Jóvenes o Cosecheros sin envejecimiento en madera, vinos de Crianza, Reserva y Gran Reserva con envejecimientos mínimos de uno, dos y más de cuatro años, respectivamente.
A estos estilos originales, se les une el Roble a partir, más o menos, de finales de los ’90. Lo que empezó como una elaboración experimental, intermedia entre el vino joven afrutado y el opulento Crianza, acabó siendo un éxito que adquirió carácter de categoría oficial.
A pesar del reglamento establecido, muchas bodegas elaboraban también vinos blancos aunque no los amparase la Denominación de Origen. Su creciente calidad y demanda, así como la posibilidad de dar réplica a los Súper Castellanos, llevó a la introducción de la producción de vino blanco en el reglamento del Consejo Regulador, siendo 2021 la primera añada que se amparó.
Así se le dio la forma actual a la estructura de categorías y etiquetas de los diferentes estilos de vinos que se elaboran en Ribera del Duero.
Las Zonas
Aunque la D.O. Ribera del Duero no tiene subzonas oficialmente reconocidas, podemos distinguir 3 áreas que separamos según la provincia a la que pertenecen;

Las tierras de Valladolid, centrada alrededor pueblos como Peñafiel, Pesquera de Duero o Valbuena de Duero, representa la zona más clásica de la D.O. A nivel de estilo, aquí encontramos los vinos más tradicionales, de más carácter y con mayor potencia.
En Burgos nos encontramos con los pueblos de Roa, Aranda de Duero y La Horra, el conocido como Triángulo de Oro. Los vinos más elegantes de Ribera vienen, en su mayoría, de tierras burgalesas, donde el equilibrio es la clave.
Soria es la zona menos conocida… y también la de menor producción. Sin embargo, el hecho de ser “la zona olvidada” ha hecho que aquí se encuentren algunos de los viñedos más viejos de toda la D.O., incluyendo viñas centenarias y viñedos prefiloxéricos.
No obstante, también existen viñedos y bodegas pertenecientes a Ribera del Duero en la provincia de Segovia, aunque la extensión y producción de esta zona es muy baja.
Las Uvas
Aunque no es ni mucho menos la única, Tempranillo (localmente llamada Tinto Fino o Tinta del País) es, sin duda, la variedad de uva más representativa de Ribera del Duero. Es, con diferencia, la más plantada y la más utilizada, aunque la D.O. también protege el uso de Garnacha, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y, para la elaboración de vinos blancos, Albillo Mayor.
No obstante, el reglamento autoriza el uso de otras variedades de uva, siempre y cuando éstas provengan de viñedos plantados antes de la creación de la D.O., permitiendo así el uso (muy minoritario) de las variedades blancas Alarije, Pirulés y Chasselas Dorée y de las tintas Bobal (localmente llamada Valenciana), Garnacha Tintorera y Monastrell.
Los Estilos

Bajo la D.O. Ribera del Duero actualmente se elaboran vinos blancos, rosados y tintos. Estos últimos son, indudablemente, los que suponen la mayor parte de la producción y los que durante más de 40 años han dado reconocimiento a la D.O.
Los vinos blancos deben estar elaborados con un mínimo del 75% de Albillo Mayor, para los vinos rosados debe usarse al menos un 50% de uvas autorizadas y para la producción de vinos tintos se exige un mínimo del 75% de Tinto Fino. No obstante, este criterio no refleja la realidad, ya que en la práctica la mayoría de vinos blancos son casi exclusivamente hechos con Albillo Mayor, los tintos tienden a usar en torno al 92%-95% de Tempranillo (cuando no el 100%) y, también la Tempranillo, es responsable de más del 80% de la producción de rosados. Sucede, de esta manera, como en otras grandes regiones vinícolas internacionales donde el reconocimiento global les ha llegado por una sola uva tinta y una sola uva blanca.
Además, tal como dijimos antes, estos tres tipos de vino se categorizan según su envejecimeinto como se estableció en 1982, aunque con actualizaciones y modificaciones que han dado lugar al sistema actual de etiquetas y contretiquetas.
